Si no eres feliz con tu dinero, posiblemente lo estés gastando mal

¿Para que sirve la felicidad? ¡No te puede comprar dinero!

¿Puede el dinero darnos la felicidad? Antes de todo definamos un poco los términos. La felicidad y el bienestar son cosas muy íntimas. Desconfiamos en general del término y tomamos los estudios con pinzas y guantes. Sobre la felicidad, ni siquiera está claro que todas las culturas ‘la persigan’, de hecho algunas incluso la ‘temen’. Es posible que los puntos aquí recogidos solo cumplan en sociedades WEIRD. y en un contexto donde las necesidades mínimas estén cubiertas. Ahora si, cubiertas nuestras espaldas, damos consejos para sacar el máximo partido en cuanto a bienestar de nuestro dinero.

1. Paga experiencias

Para tu placer, olvida los objetos, paga por experiencias. El placer que obtienes de tu nuevo coche se ‘desgasta’ a medida que te habitúas a él. Y créeme, por muy fantástico que algo sea te habituarás y el efecto que tiene en ti tu nuevo móvil será cada vez menor y echarás ojos al nuevo modelo. Además, el objeto físico se va desgastando con el tiempo y surgiendo inconvenientes que fastidiaran su disfrute. Sin embargo el recuerdo de un buen viaje o una buena cena… casi me atrevería a decir que va mejorando con el tiempo. Un pequeño ejercicio, ¿cuántas veces rememoramos (‘y redisfrutamos’) de una experiencia agradable y cuantas veces lo hacemos de un objeto?

2. Gasta en otros, no en ti mismo

Una de las peculiaridades del ser humano es la hipersociabilidad. No podemos negar ese disfrute de ayudar, hacer un regalo, invitar a los amigos. Existen estudios que relacionan el bienestar percibido con el dinero gastado a otras personas en vez de a uno mismo. En concreto, en el estudio se da dinero a gente y se pide que lo gasten en otras personas o en si mismos según la situación experimental asignada. Los resultados son que una vez controladas las variables, la gente que gastó en otras personas informó estar más contenta. Es decir, podemos sospechar de cierto efecto causal entre ocuparnos de los demás y obtener bienestar.

3. Compra pequeños placeres en vez de grandes

Hay motivos por los que es preferible pequeñas indulgencias que grandes piezas. Del primero, ya os he hablado: la habituación , respuestas cada vez menos intensas ante los mismo estímulos. Para evitarla, mejorar nuestra ratio dinero invertido por placer obtenido hay que buscar novedad, sorpresa, incertidumbre y variabilidad. Estos características, es más fácil obtenerlas de pequeños momentos que de grandes. ¿Tomar varias tapas o un platazo hasta los topes? ¡El platazo nos habituará más rápidamente!. Si, el placer tiene una ‘cuota fija’, intenta separar tus experiencias placenteras en bloques . ¡Lucha contra la saciación y habituación!.

Disfrutar de la experiencia

 

4. Compra menos seguridad

Ya lo hemos dicho otras veces: las cosas no son tan importantes como en el momento en que piensas en ellas . Podemos verlo como un sistema inmune psicológico que nos ‘protege’ de posibles eventos negativos. Piensa en lo mal que te sentirías si nada más llegar a la estación de autobús este acaba de salir dejándote tirado. Bueno, diversos estudios nos dan motivos para creer que seguramente hayas predicho muy mal tu indignación ante tal situación. Al llegar a la estación y ver como tu bus te abandona, te será fácil pensar <<bueno, el próxima está al caer>> o cualquier forma de inmunizarte ante esa desdicha. Eso nos lleva a comprar más seguridad de la que necesitamos, en parte por que es difícil calcular ‘el riesgo real’ y en parte por la aversión a la pérdida. Bien, arriesgar un poco a veces no está mal. Tenemos nuestro sistema inmune psicológico que se ocupará de ‘racionalizar’ y protegernos de la decepción ante el fracaso. Esta ‘racionalización’ es gratis, ¡aprovechémosla para ser un poco más arriesgados!

5. Paga ahora, consume luego

Desconozco a los lectores, pero en mi caso el pagar me parece el peor momento de una cena que por otra parte ha sido estupenda. Así que poner la peor parte de la experiencia al final de la misma es una faena si queremos maximizar nuestra felicidad. Sin embargo si dejamos pagado todo antes de la experiencia que vamos a tener, ese dinero se percibe como un coste hundido, un dinero que se fue y nunca volverá que no contaminará nuestra experiencia. Posicionar el peor momento en el lugar que es más fácil que recordemos, el final, es una mala decisión. Si dan a elegir y queréis maximizar vuestro bienestar, dejad todo pagado, centrados en disfrutar de la experiencia sin acabar con el mal trago de pasar la tarjeta.

6. Piensa en lo que no estás pensando

A medida que una experiencia se extiende en el tiempo, tendemos a pensar en ella de forma más abstracta. Así, si te pido que me describas tus próximas vacaciones me dirás algunos puntos sobresalientes de ellas, salir a cenar, ir a pescar, recibir un masaje y pasear… Mientras que si te pido que me describas un hecho más breve y conciso podrás darme muchos más detalles. Si pido que me describas el paseo, por ejemplo, aparecerán detalles que en la la foto grande de tus vacaciones no aparecieron. Bien, esos detalles que tendemos a no valorar son necesarios y son los que más contribuyen a nuestra sensación de bienestar. Es crucial poner el foco de nuestra atención para maximizar el placer que nos produce. Pensar un poco en los detalles que completan una experiencia agradable, hará que percibamos como más agradable esta experiencia.

7. Cuidado con las comparaciones de compras

Seleccionar, comparar, elegir es el día a día de un consumidor. Un consumo eficiente requiere de este proceso, pero el coste puede ser la satisfacción que obtenemos. Hay dos factores clave a tener en cuenta: lo que elegimos según características puede llevarnos a sobrestimar el placer que obtendremos de las mismas. Por poner un ejemplo, creemos que las pulgadas de la TV nos darán más placer del que realmente nos darán. Por otra parte la pérdida se valora más que la ganancia, es decir la tendencia es más a pensar A es peor que B en vez de B es mejor que A, así al comparar la tendencia es a verlo como una pérdida relativa y no tanto como una ganancia comparativa. Evitar comparaciones puede llevar a minorizar los disgustos.

8. Sigue a la masa

Volviendo al punto de que somos un animal hipersocial, hay motivos para pensar que disfrutar de lo que los demás disfrutan… ¡es muy placentero! Dos enfoques: o nuestros gustos correlacionan con quien se parece a nosotros, o lo que le gusta a quien se nos parece hace que nos guste a nosotros. Que gente con un perfil parecido al nuestro le ha gustado algo y a nosotros también… no es raro, gente parecida tiene gustos parecidos. O por que el hecho de observar las valoraciones de otra gente facilita que nos formemos expectativas, nos fijemos en detalles que de otra manera no nos fijaríamos o por el hecho simple de estar en sintonía con los nuestros. Sea como fuere disfrutamos más de lo que nuestro grupo afirma haber disfrutado.

Más allá de unos simples consejos

Hemos visto como con pequeños ‘trucos’ que cuentan con cierto aval empírico pueden ayudarnos a sacar más provecho de nuestro dinero. Sin embargo, esta ‘guía’ no pretende ser más una serie de ideas interesantes para animar al lector a mejorar su bienestar exprimiendo su dinero. No la tomen como un canon de ningún tipo, pero intenten, prueben, experimenten y disfruten. Y como siempre, esperamos vuestras opiniones y experiencias tanto en la sección de comentarios como en Twitter.

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Referencia:
Dunn, E. W., Gilbert, D. T., & Wilson, T. D. (2011). If money doesn’t make you happy, then you probably aren’t spending it right. Journal of Consumer Psychology, 21(2), 115–125. doi:10.1016/j.jcps.2011.02.002

 

Imagen: http://gratisography.com/

 

 

 

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One Response to "Si no eres feliz con tu dinero, posiblemente lo estés gastando mal"

  1. Mr.K says:

    Una entrada muy interesante.

    Personalmente, me gustaría comprender por qué gastarse el dinero en los demás genera mayor bienestar que gastárselo en uno mismo.

    Por otro lado, atendiendo al aprendizaje desde el punto de vista conductista, tal vez se podría considerar la cuestión de que es posible que genere mayor bienestar darse pequeños caprichos de forma regular más que un gran capricho cada cierto tiempo espaciado. Por aportar.

    Gracias, Guido.

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