Siguiendo nuestras predicciones

Para obtener el máximo bienestar debemos poder seguir nuestras predicciones, controlar nuestra conducta. En diferentes estudios podemos observar que sin embargo no es así. Las estrategias de decisión varían: obtener la máxima gratificación inmediata, seguir una regla fija, elegir lo que es más fácil de justificar o nos provea la mayor cantidad de medios.

Ya vimos en el anterior post, que ocurre cuando queremos hacer predicciones sobre nuestra experiencia. Ahora veremos que pasa cuando queremos predecir nuestra propia conducta. La dificultad para seguir nuestras predicciones puede llevarnos a tomar decisiones por debajo del punto óptimo de satisfacción, es decir de no sacar el máximo jugo de la experiencia. No hacemos caso a nuestro ‘yo del pasado’ y por eso no sacamos el máximo rendimiento de nuestras experiencias.

 

Impulsividad: actuar rápido y sin reflexión

Fallamos en comportarnos según nuestras predicciones… incluso cuando sabemos que fallaremos en comportarnos según nuestras predicciones. La impulsividad, actuar rápido y sin reflexión. Tenemos el pastel sobre la mesa, sabemos que nos lo comeremos y nos lo comeremos. Esto nos lleva a peores decisiones. Es un factor tan importante que a veces incluso el gobierno debe tomar cartas en el asunto y ‘darte un empujoncito’ para ayudar a protegerte de ti mismo de la impulsividad.

Decisiones basadas en reglas: seguir reglas en situaciones equivocadas
Todos tenemos nuestras reglas de oro. Reglas que seguimos a pies juntillas, reglas que sabemos que funcionan. A un grupo de estudiantes les ofrecemos que elijan las golosinas que quieren consumir el próximo mes. Siguen sus regla de oro de que ‘en la variedad está el gusto’ así que eligen muchas diferentes. Entonces significa que ¿disfrutamos más de golosinas muy variadas?. Se repite el experimento. Esta vez cada día tienen que elegir que golosina quieren, se obtienen resultados muy diferentes. Ahora eligen menos variedad, cada día eligen prácticamente las mismas. Quizá en la variedad no está el gusto aún que nuestra ‘regla de oro’ diga que si. ¿Cuantas reglas de oro (implícitas y explícitas) tenemos que revisar?

Maximización de medios: obtener monedas en vez de ganar la partida
Cuando nos ofrecen un medio para conseguir un objetivo puede que no siempre nos estén haciendo un favor. Un medio puede ser un sistema de puntos, por ejemplo un sistema el de algunos supermercados, el sistema de millas de vuelo o el dinero en si mismo.

Entonces puede pasar que dediquemos esfuerzos al medio y obtener peor resultado. Trabajar para conseguir puntos y no para conseguir el helado que queremos realmente. En un experimento clásico se ofrecía hacer una tarea por puntos intercambiables por helados. En la condición de maximización de medios, los sujetos debían obtener unos puntos para canjear únicamente por un helado. Otra condición era hacer la tarea sin obtener puntos, directamente elegir el helado después de la tarea escogida para tal fin. Los del sistema de puntos eligieron obtener la máxima cantidad de puntos sin tener en cuenta que helado preferían, en la condición sin puntos la gente elegía su helado y hacía la tarea encomendada. La maximización de medios vendría a ser el equivalente conductual del aforismo ‘cuando el sabio señala la luna (el objetivo)… las personas miran el dedo (el medio)’.

cientificos con lupa

Fuente: http://www.miamalamcdonald.com/

Racionalismo extendido: pensar racionalmente pero con peor resultado
Querer ser más racionales nos puede llevar a ser menos racionales. Suena paradójico si, pero elegir estrategias que parecen más racionales puede llevar a peores resultados.

Por ejemplo, sabemos que la gente prefiere bombones con forma de corazón que con forma de cucaracha. Si pedimos que los sujetos elijan entre uno y otro el gran ganador es el corazón. Cuando pedimos que elijan que bombón pueden llevarse a casa con las etiquetas de los precios (0.50€ el corazón y 2€ la cucaracha) el gran ganador es la cucaracha. La curiosidad es que incluso cuando los sujetos informan de que prefieren el corazón, eligen la cucaracha. ¿Es de necios confundir valor y precio? No, más bien de decisiones tomadas en base a la ‘economía extendida’. Maximizar la economía y no nuestra satisfacción.

Otras veces es el intento de tomar decisiones ‘científicas’ lo que nos lleva a peores resultados. Como comentamos anteriormente, los atributos objetivos mal entendidos pueden llevarnos a confusión. Basar nuestra decisión en un atributo que a priori parece un buen predictor. Los megapíxels de una cámara fotográfica que no necesariamente se traducen en la opción más satisfactoria, existen otros atributos más importantes como el enfoque, memoria, etc.

Conclusión

El lazo que une a estos sesgos es la diferencia de largo plazo contra corto plazo estando la impulsividad decidiendo la balanza. Los tres últimos fenómenos analizados (racionalismo extendido, maximización de medio y decisiones basadas en reglas) se pueden ver como una forma de contrarrestar la impulsividad. Sin embargo son estrategias que en un momento dado pueden resultar contraproducentes, como hemos visto. Si la impulsividad es rapidez sin reflexión, estos sesgos son lo contrario, pausas con reflexión contraproducentes.

Así qué ya sabéis, impulsividad, reglas de oro equivocadas, maximizar el medio en lugar del resultado y el racionalismo mal entendido no serán buenos compañeros en nuestras decisiones. Aprender un poco sobre ellas no nos asegura no volver a caer en estas trampas, pero facilita reconocerlas y aprender de nuestros errores. Tomar decisiones para mejorar nuestra experiencia es posible y sobre todo, deseable.

Bibliografía:

Hsee, C. K., & Hastie, R. (2006). Decision and experience: why don’t we choose what makes us happy? Trends in Cognitive Sciences, 10(1), 31–7. doi:10.1016/j.tics.2005.11.007

Imagen: http://www.miamalamcdonald.com/

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