Y sin embargo, seguimos en RyanAir

Desde que se nos presenta cualquier estímulo, reaccionamos y eventualmente hacemos una valoración del mismo (sí, hoy me pongo cognitivo), esa valoración determina nuestra respuesta presente y futura hacia dicho estímulo. Esto lo podemos aplicar tanto a acciones sencillas como nuestra primera experiencia táctil con un horno (nos quemamos) y también con experiencias mucho más complejas.

Una opinión es por definición un juicio de valor sobre algún aspecto, y es fácil tenerlas porque nos suponen atajos cognitivos frente a la gran cantidad de información a la que estamos expuestos, de otra manera procesar toda la información sería imposible, así que de un modo u otro estos esquemas mentales nos simplifican la vida, Igual que un abstract nos aclara cualquier estudio que decidamos leer.

Es de entender que estos atajos cognitivos se tienen que ir actualizando con el tiempo, puesto que sin esta actualización la adaptación al medio sería más complicada. Por ejemplo, si nos mudásemos de Madrid a Cáceres rápidamente tendríamos alimentos caducados en la nevera, puesto que el precio de los supermercados es inferior y se compraría en función del importe que solíamos gastar.

No obstante al contrario de lo que pueda parecer, estos esquemas quedan anclados a lo largo del tiempo y son resistentes a nuevos ensayos similares. En este modo somos como los gansos que identifican como su progenitor el primer objeto móvil que ven al nacer (Ariely, 2009).

Top-Gun-Goosecall

El caso de Ryanair nos ejemplifica a la perfección este fenómeno. El transporte aéreo nunca había sido un medio de transporte económico, hasta que en el invierno 2006/07 aparece Ryanair en España y su modelo low-cost. Era posible hacer un Barcelona-Madrid por 9€, incluso un Barcelona-Londres por poco más de 10€. ¡Era la revolución!

Ryanair5

Os aseguramos que fue de la única foto que encontramos usable de RyanAir

Había una serie de restricciones, como las dimensiones de las maletas pero bien merecía la pena ajustarse a las condiciones (creo que en ese momento los fabricantes de equipajes también hicieron un buen negocio). Siete años después, seguimos teniendo la misma opinión de Ryanair:

“Sí, vale, son pesados con el tema de las maletas y los asientos no son de lo más cómodos, pero es muy barato”

Lo de las maletas es cierto y lo de los asientos también, ¡pero no es muy barato! Ya no hay vuelos a 9€ (lo cual es comprensible) y además de los inconvenientes comentados, podemos adicionar la horrible experiencia de usuario de la web en la que es difícil no caer en algún banner publicitario, en la que debes hacer infinitos clicks para evitar no aumentar el precio con la compra de cualquier cosa (operación que debes repetir cuando haces el check-in online) y en la que si cometes alguna errata en tus datos personales lo pagas caro.

Realidad ha cambiado pero nuestra opinión sigue inmóvil con el paso del tiempo.

Es un ejercicio interesante destinar ciertos recursos cognitivos a reevaluar algunas valoraciones que tenemos, seguro que nos encontramos unas cuantas sorpresas. Sin ir más lejos podríamos mirar la percepción que se tiene de Media Markt.

¿Cuales son tus valoraciones ancladas que merecen reajustarse?

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